CANTO DE ENTRADA
Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
MIRA COMO ACLARA EN LA CORDILLERA
COMO FLORECE EL RESPLANDOR DEL SOL
COMO LA FRÍA MAÑANA SE ENTIBIA
COMO DIOS NOS DA UN DÍA MÁS DE AMOR
Y SU LUZ RECORRE CAMPOS Y FLORESTAS
ABARCANDO HASTA EN EL ÚLTIMO RINCÓN
PENETRANDO POR TINIEBLAS DANDO VIDA
Y JAMÁS DETIENE SU CALOR.
Y ACLARÓ EN EL ÚLTIMO RINCÓN DE MI PIEZA
ACLARÓ EN EL ÚLTIMO RINCÓN DE MI CORAZÓN
ACLARÓ LA ETERNA OSCURIDAD DEL CAMINO
ACLARÓ UN DÍA MÁS DE VIDA NOS OFRECE DIOS
Y DE NUEVO DESPERTAMOS A LA VIDA
A ENTREGARNOS POR ENTERO A LA RAZÓN
SI PUDIERA DETENER ESTA RUTINA Y DAR GRACIAS POR QUE EXISTO HOY.
CAMBIARÍA COMO TODO CAMBIARÍA
POR COMPLETO NUESTRA POSICIÓN
DE EGOÍSMOS Y DE FALSAS APARIENCIAS
CAMBIARÍA NUESTRO FALSO AMOR
Y ACLARÓ EN EL ULTIMO RINCÓN DE MI PIEZA
ACLARÓ EN EL ULTIMO RINCÓN DE MI CORAZÓN
ACLARÓ LA ETERNA OSCURIDAD DEL CAMINO
ACLARÓ UN DÍA MÁS DE VIDA NOS OFRECE DIOS
SALUDO
Una vez finalizado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz, mientras el sacerdote, de cara al pueblo, dice:
℣. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
℟.: Amén.
Luego, el sacerdote, abriendo los brazos, saluda al pueblo:
℣.: El Señor esté con todos vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro podrá, con palabras muy breves, introducir a los fieles en la Misa del día.
ACTO PENITENCIAL
℣.: Hermanos para celebrar dignamente estos sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados.
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
Sigue la absolución sacerdotal:
℣.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
también o inclusive:
℣.: — KYRIE-E-E-E-E, ELEISON —
℟.: — KYRIE-E-E-E-E, ELEISON —
℣.:— CHRISTE-E-E-E-E, ELEISON —
℟.: — CHRISTE-E-E-E-E, ELEISON —
℣.: — KYRIE-E-E-E-E, ELEISON —
℟.: — KYRIE-E-E-E-E, ELEISON—
HIMNO DE GLORIA
— GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR.
POR TU INMENSA GLORIA TE ALABAMOS,
TE BENDECIMOS, TE ADORAMOS,
TE GLORIFICAMOS, TE DAMOS GRACIAS,
SEÑOR DIOS, REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODOPODEROSO SEÑOR,
HIJO ÚNICO, JESUCRISTO.
SEÑOR DIOS, CORDERO DE DIOS, HIJO DEL PADRE;
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS;
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE NUESTRA SÚPLICA;
TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS;
PORQUE SÓLO TÚ ERES SANTO,
SÓLO TÚ SEÑOR, SÓLO TÚ ALTÍSIMO, JESUCRISTO,
CON EL ESPÍRITU SANTO EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. —
ORACIÓN COLECTA
con las manos juntas, el sacerdote dice:
℣.: Oremos.
Y todos rezan con el sacerdote, durante un rato, en silencio. Luego el sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Dios nuestro, cuida a tu familia con incansable bondad, y, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza, defiéndela siempre con tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amen.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
El lector se dirige al ambón y proclama la primera lectura.
Lectura del libro de Isaías 58,7-10
Así habla el Señor:
Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo, si cubres al que ves desnudo y no te despreocupas de tu propia carne, entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y Él dirá: “¡Aquí estoy!” Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como al mediodía.
al terminar proclama:
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL
El salmista se dirige al ambón y proclama o recita el salmo.
R/. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R/.
El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre. No tendrá que temer malas noticias: su corazón está firme, confiado en el Señor. R/.
Su ánimo está seguro, y no temerá. Él da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. R/.
SEGUNDA LECTURA
El lector se dirige al ambón y proclama la primera lectura.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 2, 1-5
Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.
Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que
ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
al terminar proclama:
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos Señor.
EVANGELIO
Si el evangelio lo proclama un diacono este le pide al sacerdote o al obispo la bendición:
Padre dame tu bendición.
El sacerdote submissa dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios para que puedas proclamar dignamente su Evangelio:
En el nombre del Padre, del Hijo, y Del Espiritu Santo.
El diacono se signa y responde:
Amen.
Si no hay diácono, el sacerdote, inclinándose ante el altar, reza en silencio.
Dios todopoderoso esté en mi corazón y en mis labios para que pueda anunciar dignamente tu Evangelio
El diácono o sacerdote se dirige al ambón, acompañado, si procede, de ministros con incienso y cirios, y dice:
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO
— ALLELUIA, ALLELUIA, ALLELU-U-UIAAAAAAA! —
℣.: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”, dice el Señor
— ALLELUIA, ALLELUIA, ALLELU-U-UIAAAAAAA! —
℣.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.El diácono o sacerdote dice:
℣.: Proclamación del Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16
℟.: Gloria a ti Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
Ustedes son la luz del mundo
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.
Al terminar proclama:
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria y honor a ti Señor.Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
HOMILIA
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote; Es obligatorio todos los domingos y días festivos y también recomendado el resto de días.
LITURGIA EUCARÍSTICA
PREPARACIÓN DE LAS OFRENDAS
Se inicia el canto de preparación de las ofrendas, mientras los ministros colocan sobre el altar el corporal, la sangre, el cáliz, la palia y el Misal.
JUNTOS NOS ACERCAMOS
— JUNTOS NOS ACERCAMOS
A ESTA MESA PARA OFRECER
TODO LO QUE TENEMOS QUE ES PARA TI. —
— ES NUESTRA VIDA, NUESTRA ESPERANZA,
NUESTRO DOLOR Y AMOR,
DEJA QUE NUESTRAS MANOS LLEGUEN A TI. —
— EL PAN QUE ES TIERRA, FRUTO Y TRABAJO
TU CUERPO YA SERÁ,
DÁNOSLO Y NUESTRA VIDA RENACERÁ. —
— EL VINO CONVERTIDO EN TU SANGRE
DÁNOSLO A BEBER
Y SE HARÁ FECUNDO NUESTRO DOLOR. —
— COMO EL PAN Y EL VINO
QUE SE TRANSFORMAN EN ESTE ALTAR,
TRANSFORMA NUESTRAS VIDAS
Y NUESTRO HOGAR—
Es recomendable que los fieles expresen su participación trayendo una ofrenda, ya sea pan y vino para la celebración de la Eucaristía, u otra donación para ayudar a la comunidad y a los pobres.
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración en silencio. Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
℣.: Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración en silencio: luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
℣.: Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
℟.: Bendito seas por siempre, Señor
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Y, si procede, inciensar las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.
INVITACIÓN A LA ORACIÓN
Luego, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el sacerdote extiende y junta las manos y dice:
℣.: Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se levanta y responde:
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa iglesia.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego, abriendo los brazos, el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas;
℣.: Señor y Dios nuestro, que has creado los frutos de la tierra para sostener nuestra fragilidad, haz que estos dones se conviertan en sacramento de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amen.
PREFACIO
Al comenzar la Plegaria Eucarística, el sacerdote abre los brazos y dice o canta:
El sacerdote, con los brazos abiertos, reza o canta el Prefacio.
℣.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
℣.: levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣.: Demos gracias al Señor nuestro Dios
℟.: Es justo y necesario.
℣.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En él has querido restaurar todas las cosas, y hacernos participar a todos de su plenitud. Él, que era de condición divina, se anonadó a sí mismo, y por su Sangre derramada en la cruz pacificó todas las cosas; y así, constituido Señor del universo, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en él.
Por eso, unidos a los coros de los ángeles, cantamos el himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
SANTO
— SANTO, SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. —
— LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA. HOSANNA EN EL CIELO. —
— SANTO, SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. —
— BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR. HOSANNA EN EL CIELO. —
ORACIÓN EUCARÍSTICA II
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice:
℣.: Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean para nosotros Cuerpo y ✠ Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
el cual,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Accípite et manducáte ex hoc omnes: hoc est enim Corpus meum, quod pro vobis tradétur.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
℣.: Del mismo modo acabada la cena,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos; dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos.
Accípite et bíbite ex eo omnes: hic est enim calix Sánguinis mei novi et aetérni testaménti, qui pro vobis et pro multis effundétur in remissiónem peccatórum. Hoc fácite in meam commemoratiónem.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
℣.: Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟.: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice:
℣.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
1C: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y con el Papa Juan Pablo , con nuestro Obispo Tomás. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
2C: Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
Alza la patena con la hostia y el cáliz, diciendo:
℣.: Por Cristo, con él y en él, o a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟.: Amen.
ORACIÓN DEL SEÑOR
Después de colocar el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote dice con las manos juntas:
℣.: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
El sacerdote abre los brazos y continúa con el pueblo:
℟.: PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE; VENGA A NOSOTROS TU REINO; HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO. DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA; PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN; NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN, Y LÍBRANOS DEL MAL.
El sacerdote continúa solo, con los brazos abiertos:
℣.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El sacerdote une sus manos.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.
℣.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice en voz alta:
℣.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
℟.: Amen.
℣.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El sacerdote, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
℣.: La paz del Señor esté siempre con todos vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
℣.: La paz del Señor esté siempre con todos vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
SALUDO DE PAZ
Luego, si procede, el diácono o sacerdote dice:
℣.: Dense la paz
℣.: Dense la paz
Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
FRACCIÓN DE PAN
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto canta:
— CORDERO DE DIOS, TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS —
— CORDERO DE DIOS, TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS —
— CORDERO DE DIOS, TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO, DANOS LA PAZ —
Luego, el sacerdote, con las manos juntas, reza en silencio.
El sacerdote hace una genuflexión, toma la hostia en la mano y, levantándola un poco por encima de la patena o cáliz, dice en voz alta, de cara al pueblo:
℣.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
COMUNIÓN
El sacerdote, de cara al altar, ora en silencio y comulga con reverencia con el Cuerpo de Cristo.
Luego, sostiene el cáliz y ora en silencio; y participa reverentemente de la Sangre de Cristo.
Mientras el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de Comunión.
— ALMA DE CRISTO, SANTIFÍCAME
CUERPO DE CRISTO, SÁLVAME
SANGRE DE CRISTO, EMBRIÁGAME
AGUA DEL COSTADO DE CRISTO, LÁVAME
PASIÓN DE CRISTO, CONFÓRTAME
¡OH, BUEN JESÚS!, ÓYEME
Y DENTRO DE TUS LLAGAS, ESCÓNDEME
NO PERMITAS QUE ME APARTE DE TI
DEL ENEMIGO, DEFIÉNDEME
EN LA HORA DE MI MUERTE, LLÁMAME
Y MÁNDAME IR A TI
PARA, CON TUS SANTOS TE ALABE
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMÉN
PASIÓN DE CRISTO, CONFÓRTAME
¡OH, BUEN JESÚS!, ÓYEME
Y DENTRO DE TUS LLAGAS, ESCÓNDEME
NO PERMITAS QUE ME APARTE DE TI
DEL ENEMIGO, DEFIÉNDEME
EN LA HORA DE MI MUERTE, LLÁMAME
Y MÁNDAME IR A TI
PARA, CON TUS SANTOS TE ALABE
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMÉN —
Luego, toma la patena o copón, se acerca a los que están por comulgar y muestra la hostia un poco elevada a cada uno de ellos, diciendo:
℣.: Cuerpo de Cristo
El que recibirá la comunión responde:
℟.: Amen.
Y comulga.
℟.: Amen.
Y comulga.
Mientras se realiza la purificación, el sacerdote reza en silencio.
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos sirva para la vida eterna.
Entonces el sacerdote puede volver a la silla. Es aconsejable observar algún tiempo de sagrado silencio o recitar un salmo u otro cántico de alabanza.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, junto al altar o a la silla, el sacerdote, de pie, de cara al pueblo, dice con las manos juntas:
Pres.: Oremos.
Luego, el sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
℣.: Señor, que nos hiciste compartir el mismo pan y el mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera que, unidos en Cristo, demos fruto con alegría para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amen.
RITOS FINALES
BENDICIÓN FINAL
Si es necesario, se deberán realizar comunicaciones breves al pueblo.
Luego se dice adiós. El sacerdote, de cara al pueblo, abre los brazos y dice:
℣.: El Señor esté con vosotros.
℣.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
℣.: Y los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo
℟.: Amén.
℣.: Pueden ir en paz
℟.: Demos gracias a gracias a Dios
Luego el sacerdote besa el altar en señal de veneración, como al principio. Habiendo hecho la debida reverencia ante los ministros, se marcha.
ANTÍFONA MARIANA
SALVE, REGINA, MATER MISERICORDIAE:
VITA, DULCEDO, SPES NOSTRA, SALVE.
AD TE CLAMAMUS, EXSULES, FILII HEVAE.
AD TE SUSPIRAMUS, GEMENTES
ET FLENTES IN HAC LACHRIMARUM VALLE.
EIA ERGO ADVOCATA NOSTRA,
ILLOS TUOS MISERICORDES OCULOS AD NOS CONVERTE.
ET IESUM, BENEDICTUM FRUCTUM VENTRIS TUI,
NOBIS POST HOC EXSILIUM OSTENDE.
O CLEMENS, O PIA, O DULCIS VIRGO MARIA

